Buscar en este blog

domingo, julio 18, 2010

El mar

Sí, aunque al principio era siempre no porque las plazas se inundaban, porque todo quedaba lejos -ese lejos de cuando uno es chico y no puede pasar los límites del pueblo- o porque nada tenía techo.
Era divertido echarle la culpa a un tercero, a ese tercero tan nuestro de los inicios, al inocuo. Siempre, siempre si pasaba eso la culpa no era nuestra (lástima que después nos acostumbramos a delegarlas todas); si se ponía todo negro y aguachento, no era nuestra responsabilidad. Y pateabamos piedras con ira, rezongábamos contra la mala suerte que ¡siempre! se la agarraba con nosotros. ¡Era el karma, ay ay ay! Que nos castigaba por cosas que no habíamos hecho (we were as innocent as a couple of birds flying over the sea) y nos hacía creer que todo era trágico, que éramos muy diminutos frente a tanta injusticia que en el fondo no era tal.

Después crecimos un poco y otro poco dejó de importarnos las cuestiones ajenas a nuestro calendario que no era como el del resto, nuestro calendario acotado. Total, no importaba como pudiesen quedar nuestros pulmones, nuestros abrigos, ah no. Total siempre había un techito, un toldito o un café empetrolado bien capitalista. Siempre, hasta el fin. Hasta el último día
corrimos, chapoteamos, te reíste de lo coherente que podía ser a veces (todo por cabezadura, por hacerle caso a mis palabras) y te fuiste a velocidad azul sobre el mar... sí, mar. El Mar Coni.

No hay comentarios.: