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miércoles, junio 02, 2010

Trenza

Mariposa, alas de papel manteca, las rasgas vorazmente movido por tu hambre desmedida, puedes sentir esa sangre dulce que mancha su cuerpo, su desaforado cuerpo, sangre que brota del manantial de tu pequeñez, de la nada misma en la que la transformaste, a gusto y piacere; la hasta que extrañe tu piel suave y fina, transparente y manchada, marcada; y regrese para rebajaste y la volviste un ser ciego y animal que solo puede ser domado por su poderío inmenso; sientes el látigo masoquista de repente, eso que él tiene y te ofrece a un precio tan alto como bajos son sus instintos que alguna vez fueron de princesa altanera, de reina con tacos de aguja. Vos la descalzaste, la desnudaste, aniquilaste su persona para hacer de ella algo que solo vive para beber un poco de lo que emanas, para saciar su sed con el tiempo que la desees arrastrar, manipular, exigir; por el tiempo que te necesite para estar conforme durante un día o dos, dejarte de rodillas o tendida en el suelo o en la cama, sin voz ya porque gritaste demasiado y sorda, porque en su oído dejaste enredadas las palabras más crueles, las más filosas, esas que coronan y destronan a una reinaperra, que eternizan al emperador carnal.
¿Podés sentir en su espalda el escalofrío cuando la arrojas hacia el vacío? ¿Podés escucharlo exigir obediencia entre tus gemidos?
Sin tiempo ni apuro la atas y te desata de los pies de una silla que se cae, que se para, que se mueve como todo, como tus ojos desorbitados por el eléctrico desenfreno de la sangre, como tus pupilas dilatadas visibles entre tus pestañas y lágrimas de dulce dolor. La movés, la llevás al paredón de fusilamiento y unodostres está muerta, estás muerta de placer y de angustia ¿Moriré eternamente así, o algún día la matarás, la ahorcarás con tus dedos finos, filosos, con la sábana acostumbrada a tanto terremoto? Si, ese hilo de sangre que pende de tu boca tal vez sea presagio. Esas uñas en tu yugular tal vez, última defensa. Quizá ese grito ahogado pida auxilio pero no se atreve a romper con tanta bendita inhumanidad. Tal vez ya no queda motivo para vivir mas que... y ¡ya viste! en cuanto él se detuvo, vos pereciste.

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