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domingo, junio 06, 2010

El mareo

Tiene la llave, entre el mareo tenebroso, para equilibrar la balanza rota. Está ahí brillando sobre la pantalla luminosa; son nombres, son palabras, imágenes misteriosamente aparecidas. Recuerdo que un día tiré la moral por el inodoro -todo empezó con el chiste que decía "lo tuyo es mío y lo mío es mío" - pero antes de hacerlo totalmente había amenazado con hacerlo ya por partes. Entre los deseos y los impulsos (los impulsos son tortillas como alguna vez algodón de azucar) siempre existe un factor indecible. Un factor que a aquellos seres que emanamos (o decimos emanar) paz, nos avergüenza. Ese factor es el más peligroso, es el fuego que enciende los candiles, es la acidez que te hace vomitar lo que no comiste. Pero a la vez es un factor que, por ser tan determinante, necesita tiempo. Pero por sobre todas las cosas, necesita algo por detrás que lo impulse. Algo aún más indecible, lo suficientemente trágico como para evocar el asesinato a la paz antes que dar a conocer la razón real.
Y todo eso ya no me sobra. Ni siquiera me queda. Tanto odio jamás acumulé (de ninguno de los dos lados ¿o de los tres?, porque sería un doble asesinato, necesitaría un doble móvil y soy demasiado inmovil realmente) como para arremeter violentamente.
Demasiada sangre corrió como para agarrar otra vez la cuchilla en vano.
Me alcanza, me sobra con que dos ojos sanos vean lo mismo que estos dos ojos miopes ven. Que algún corazón en buen estado decida latir un rato por el mío, para ver cuantos infartos se pueden sufrir por una cuestión meramente verbal. Es muy divertido pero también hipnótico tener el armamento y no usarlo. Aunque prefiero decir que es muy fantasmagórico poder ponerse a disparar y no desearlo.

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