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lunes, junio 07, 2010

Diálogo.

¿Cómo se siente esto, estrellita titilante? ¿Cómo se siente saber que eras lo mismo que vos veías enfrente, que también existe superior a vos, algo mejor? ¡Qué nebuloso! Fue todo una ilusión...
Cuanta soledad invade los calendarios quemados cuando comprendés que absolutamente cada uno de los días se transformaron en una repetida sala de espera, con chinese rubber plants, empapelado celeste a rayas y revistas ajadas. Desde el lejano páramo de nuestra inexistencia actual, un silencio que hace tiempo expiró para perpetuarse, acaricia mis pómulos, mis cachetes pálidamente rosados. No, no hay palabra alguna. No, por supuesto que el aire no sostuvo nuestras múltiples despedidas. ¡Jamás!

Entonces alguien tuvo razón. Será que razón tuvimos los dos, desfasadamente. Y finalmente en lo cierto estuve yo. ¿Lo ves ahora?. No era todo como debía ser. No era lo correcto, la pieza final; no era la tono perfecto para tu pintura, no era blanco ni negro. Era gris, transición, otoño o primavera; la tibieza de mis manos rodeandote, de tus cabellos rozandome. Era yo y eras vos, eramos el silencio y la informe masa de sonidos nunca articulados. Sustancia plástica sin forma, sin el latir correspondiente. ¿Y qué sucede ahora? Sabés en este momento que no me equivoqué. Si no estamos en deuda es porque la felicidad cada uno la tiene, como corresponde. Una felicidad que es brillante síntesis, procedente de la tristísima antítesis originada por nuestra vieja y lejana tesis. Siempre tan dialécticos, venciendo al malvado silencio que por otro lado arremetía.
¿A mano? I don't know, you tell me. Desde esta tierra eternamente viva, puedo decirte que sí.

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