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lunes, junio 28, 2010

Cuidado

Tapados y tapado imán, junio fallecía; mis trenzas amarillas gritaban y tu camisa parecía firmar esa invitación que tus ojos caníbales proclamaban.
Tenías la sonrisa demoníaca, las manos en los bolsillos solo cuando el mundo observaba, tenías ese perfume que ya no existe y no, no no no. No, no me encierres en el armario de las provisiones ajenas; dame, quiero, dale, verde mentolado desde tu boca de agua, aguardiente, gomitas azucaradas de placer artificio para llegar a rozarte en el secreto de los azulejos de cocina silenciosa.

Pasos, voces, un rato más, un poco más de voltaje.

Escondé mi piel de erizo. Tapá tu cuello de moras. Sí, ellos lo saben y callan; disfrutan al ver serpentear el mar azul de lana, nuestros perfiles temblorosos iluminados por los rayos catódicos, nuestra respiración silenciada por una película que yo nunca recordé. Y luego, Iuan es Iuan y nadie nos quiere ya. Pero también nos aman porque somos su frutita prohibida y podrida, alimento de buitres. Nadie nos quiere pero mi piel te adora, te ama, mi piel arde y muere, carbón blanco hasta que regreses. Mi piel ¡ah! de mandarina, esa que vos odiás. Mandarina que te impregna, pero vos me impregnás a mí.
No duermo. Hace calor y es invierno. No duermo. Tengo hambre. Terminó la película que nunca recordé. Terminó el mar de lana de tus manos. Vos no, claro. No, vos seguís y no duermo y me asfixio. No, vos no te me terminás jamás.

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