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martes, enero 12, 2010

¿Acaso crees en el destino?

Con ellas pasaba eso: siempre llegaba el momento de la noche en que, agotados los chimentos, las pizzas y los temas que incluían sexo y hombres hijosdeputa, surgía esa pregunta. Supongo que hablabamos de eso para que la noche fuese un poco más profunda, aunque todo terminara tamizado con un poco de horóscopo y tarot. También podía ser por la falta de fondos para salir a algún bar a bailar un poco, o por la simple razón de que nos gustaba creer en lo que decíamos.
La soltaba Nadine, "Che, ¿Creen en el destino?", y no daba tiempo a ninguna respuesta antes que la suya: Yo si, si bien tenemos libre alberdio, hay cosas de las que nunca podremos escapar, por más que lo intentemos. Las demás le daban la razón, algunas opinaban lo contrario, como Inés, que decía que cada uno armaba su vida a gusto, y nada estaba impuesto sino por nuestros propios deseos. Yo no hablaba. Me divertía escucharlas, y si bien me gustaba ese juego del misterio que mantenía con mi silencio, yo también creía en el destino. Cuando esa conversación comenzaba por enésima vez, yo de nuevo pensaba en vos y en él. Pensaba en esa noche que pasaron hablando sin que él sepa que vos algún día me amarías todo lo que el no me amó. Recordaba los tiempos de insomnio, donde su falta de atención me quitaba las ganas de vivir. Siempre creí que tanto amor merecía una recompensa. Que todo eso que yo sentía era por la simple razón de que algún día, el sentiría lo mismo. No podía ser en vano. Incluso cuando decidí olvidarlo, cuando mi instinto de supervivencia había pegado más fuerte que el sentimiento, seguí creyendo por un tiempo que en el futuro, muy lejano, nos encontraríamos, tomaríamos un café y el romance postergado por fin nacería. Con el tiempo dejé de pensar en el nacimiento de un romance, pero seguí soñando con ese café. Con alguna charla nostálgica. Después, todo desapareció, porque él dejó de existir, porque yo me fui volando, o simplemente porque las cosas no iban a pasar como yo alguna vez había pensado. No habría respuesta, y luego tampoco remitente ni destinatario.
Pero volvía a pensar en esa noche en la cual ustedes dos existieron en un mismo plano, donde tal vez la historia cambió de rumbo, y por proximidad, pusiste un pie en el camino que él nunca iba a transitar.
Vos ya existías en mi vida. Eras un nombre y un apellido guardado en un rincón, escrito en un par de papeles, incluso tu rostro aparecía en viejos videos y fotos . Vos ya existías en mi vida y yo evidentemente en la tuya, pero ninguno de los dos podía dar cuenta de ello.
Y cuando por fin pudimos, las cosas fueron adquiriendo un sentido inesperado y cruel, cruel porque venía abril, y no podía ser de otra manera. Para esa época volví a pensar, como al pasar, en el destino. Poco a poco esa locura que era un poco de amor y mucho de pena me traía reminiscencias de aquello que ya había vivido, porque eras vos la dulzura que el tiempo le había robado a él. Eras toda esa comprensión y alegría que yo alguna vez había amado y ahora tanto necesitaba. Eras todo eso que a la vez realmente no eras, porque eras distinto y nuevo. Después fue olvidarte y creermela incluso si no fuese cierto, como alguna vez había hecho con él. Porque de nuevo nada iba a suceder, aunque esta vez había estado más cerca. Ahora pensaba en una vida pasada, o en una vida futura en la que nos tocaba coincidir, enamorados para siempre. Destino, destino me repetía, cuando lloraba y cuando gritaba de celos o soledad. En el futuro, pensaba otra vez, ahora sin necesidad de un café, un encuentro bastaba, un beso irrefrenable, la eternidad.
¿Y cuando volviste? Volvimos. Ahora era más fuerte y más repetición, porque era la obsesión a flor de piel, el vértigo y los sueños con tu cuerpo invadiendo mis noches. A veces también mis tardes, en las que no sabía si realmente dormía o vivía. No, iba a despertar aunque fuese verdad. Yo no, no era posible. Esa no era mi vida, no era mi realidad. Solo en el futuro tendríamos un nombre y una verdad sin vueltas ni censuras. Nuestro tiempo no era hoy. Ni siquiera podíamos asegurar que alguna vez tuviesemos tiempo. Por eso nos gustaba construirlo, lejano pero seguro. Sabiendo que tal vez, que muy posiblemente, no llegaríamos a vivirlo.

Si las cosas sucedieron, sucedieron por una razón. Tus palabras se cumplieron al pie de la letra, con toda la sangre que predecían, manchando nuestras manos y nuestras bocas. Cada pieza encajó en el rompecabezas que hizo honor a su nombre durante meses, dejandonos al borde de la muerte, con la última carta en mi mano y con vos ofreciendome en silencio la última chance. Fue "All In", y gané. Una reina, un rey, todo de corazones y el destino escrito detrás de los naipes.

Si el amor que sentí por él no podía ser en vano, tuviste que mirarme vos para comprenderlo. Cuando volví a amar como había amado, cuando volví a odiar y sin embargo, a no poder parar, vicio asquerosamente hermoso, estabas vos para cumplir el designio atrasado. Porque vos eras el real y él un entrenamiento. Él una muestra gratis y vos una vida entera. Eras el que había llegado temprano, pero jamás tarde. El principio que se transformó en final, el inicio que siempre fue destino.

1 comentario:

rinoceronte dijo...

el titulo es muy "le tienes miedo a la oscuridad?"

me gusto mucho, creo q es de los mejores