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martes, diciembre 15, 2009

Uno

Me gusta esperarlo. El frío en mi rostro, las luces sobre las paredes naranjas del medio, la gente sentada en los bancos del boulevard, el trajín del final del día en la ciudad. Allí me gusta esperarlo. En la vereda de enfrente la muerte, pero cuando lo vislumbro por fin, esbozo una sonrisa.
Me gusta como luce, el azul le sienta bien. Es pequeño, pero no me pone de mal humor su pequeñez como si la pequeñez de otros. Este es más puro, más brillante. Siempre siempre azul.
Me gusta verlo a la luz de la noche y de los semaforos. Me gusta descubrir su interior, viajar por donde él ha viajado tantas veces, conocerlo de memoria una y otra vez. Me gusta recorrerlo, de punta a punta, mirar sus más hermosos paisajes y también sus miserias. A veces ciertos tramos me apenan, esa nostalgia mezclada con culpa y preguntas. Aunque las certezas ya estén dadas. Y al llegar al final, al hogar suyo y mío, siento una melancolía sutil, pero también la fuerza de una promesa: por 1.75, nos volveremos a encontrar [unodostres]

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