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jueves, diciembre 24, 2009

¿Navidad?

Vayamos a los bifes: no me gusta la Navidad. De chiquita me gustaba, claro. Por los regalos, y por la ilusión de Papá Noel. Qué lindo, creer en algo. Las 12 no llegaban más, y en el momento en que llegaban, se sentía una adrenalina impresionante por abrir los regalos, la alegría compartida y contagiosa, los fuegos artificiales. La magia.
Puedo recordar mis primeras navidades, muy difusas, rodeada de mucha gente. Los primos y tíos de mi mamá, algunos al menos. Luego pasamos a ser menos, mis abuelos maternos, mi nonna, mis padres, mi hermano, mi tío, la esposa y mi prima. En el 99 mi tío se separó, así que la esposa pasó a ser ex esposa y no participó más de mi navidad. Y con eso, mi prima pasó a estar solo algunas navidades, consecuencia de las rupturas.
Ya para esa altura, Papá Noel había dejado de existir en mis creencias, pero no en las de mi hermano y prima, por lo que la ilusión se prolongaba un poco más, en pos de su infancia. Llegó el momento en que ellos también ingresaron al mundo sin el barbudo rojo (que no es Marx) y de a poco la navidad se transformó en una ocasión más para comer (comida que con 35º te cae para el orto) y para intercambiar regalos. Como un cumpleaños, solo que todos abren paquetes. Con excusa religiosa, obvio. Aunque la festejen todas las religiones, no solo las de la rama cristiana. Aunque los mismísimos cristianos se hayan olvidado por completo lo que se celebra. Nacimiento de Cristo, ah si, ahora dame el regalo y comamos pan dulce.
Para colmo ni siquiera me entusiasman los turrones, pan dulces y frutas secas. La sidra me asquea. No me gusta. No veo a la navidad como una chance para comer más. Así que tachemos otro "pro" de la lista.
Mientras las viejas paquetas y los pelotudos que se quieren hacer los importantes corren las madrugadas anteriores a la navidad al Alto Palermo, al Abasto o donde sea para comprar regalos "de shopping", pero obviamente, con descuentos. Porque no nos da el cuero, pero hagamosle creer al mundo que si. Total a nadie le da el cuero, hay gente que ni un turrón va a comprarse, otra que va a estar sacando el agua que le entró por la tormenta, algunos viejitos que se quedaron sin familia, que no existen para nadie y la navidad va a ser otra forma más de recordarles lo solos que están.
Después están los que te dicen Feliz Navidad con esa sonrisa hipócrita, esos que ni en pedo te saludan a lo largo del año pero siempre tienen listo el "Felices fiestas" para soltarte. ¿Eduación? Eduación es también saludar cuando te ven por la calle.
En mis celebraciones navideñas cada vez queda menos gente, y las ausencias se notan. Las ausencias duelen, y tal vez por eso cada día me guste menos la navidad. Porque quiera o no, los días precedentes me vuelvo una persona malhumorada y sensible, que llora por todo. Más de lo normal. Si, quizás en el fondo eso sea la base de todo este rencor navideño. Pero más allá de eso, las corridas materialistas, los fuegos artificiales quema dinero, pura ostentación, la hipocresía, la alegría roja y blanca que dura una semana, y todos esos que no pueden vivir la navidad como la muestran en la tele me molestan. Me duelen, incluso.
De nuevo, quisiera tener 7 años. Ser más ciega, más ilusa, que los que no están siguiesen acá. Pero no puedo. Solo puedo acostumbrarme, agradecer la compañía que tengo y a aquellos que me brindan alegría, o terminar por recluírme. Cualquiera, a estas alturas, es posible.

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