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jueves, diciembre 31, 2009

El 365

Se termina. Hoy es el día 365 del único 2009 que tuve y tendré. No puedo describirlo linealmente: enero tal cosa, febrero otra, por una razón: porque en Abril hubo momentos que le correspondían a Noviembre, porque Marzo no se sabía si era Septiembre o Julio, porque Junio era una extensión de Mayo o un poco de cualquiera, porque Enero era Diciembre pero al revés, porque Octubre no tenía nada de Febrero pero no importa, aunque tal vez si algo de Agosto. No fue una cadena, sino una serie de papeles desparramados, tocandose unos con otros.
Sería simplista decir que fue un año bueno o malo, por más simplista que a a veces parezca ser. Puedo decir que fue un típico año terminado en múltiplo de 3, algo que solo yo comprendo. Es que desde que tengo memoria, los años con esa característica implicaban principios, fines, multiplicidad de novedades que aunque muchas veces parecían amenazar con dejarme al costado de la ruta gritando como loca, eran las que me impulsaban a seguir caminando, corriendo, tropezando o volando. Nunca hay final sin tropiezo ni miedo inicial. Para ser mariposa primero hay que ser una oruga que le tiene miedo al futuro incierto de crisálida. Luego una crisálida atrapada en sus propias promesas de porvenir, anhelante de una libertad terrorífica, que en cuanto llegue, la dejará desnuda y sin nada más que sus alas nuevas, pero aún inutilizadas por la consternación. Cuando ya se es mariposa, solo cabe levantar vuelo. Recorrer nuevas latitudes, visitar el cielo, aunque la tierra, como las cicatrices, siempre estén allí, frente a nuestra mirada, para recordarnos lo que fue. Las mariposas pueden vivir un día, pero algunas son eternas. Otras reencarnan hasta encontrar su eternidad. Lo que nunca se sabe es cuando llegamos a ella. Si, puedo comparar este año con la evolución de una oruga. O con otras cosas más.
Diré que empezó igual que todos, sin certeza alguna, con apenas el conocimiento de nuevas etapas de mi vida: la universitaria, la de viajar todos los días a Capital, la de tener que estudiar en serio, la de no ver a mis amigas y amigos todos los días en la escuela. Pero esas cosas eran evidentes. Sin embargo, había otras que jamás hubiera imaginado a principio de año. Tal vez por estar demasiado confiada. El año pasó de ser un alivio del cruento 2008, a ser una ensalada de sensaciones y pensamientos. Una larguísima montaña rusa, con sus subidas y sus vertiginosas bajadas. ¿Y eso es malo? No, por supuesto que no. It's evolution baby.
Subida a una montaña rusa acompañada de muchisimas personas, que se fueron sentando más lejos de mi, o más cerca. Algunos se bajaron a mitad del viaje con justificada razón, otros se bajaron luego de un largo trayecto. Otros se quedaron, acompañando temores, alegría, euforia, alguno me agarró fuerte la mano al llegar a la última curva.
Fueron 365 de conocer lo que no conocía de mi y deseaba conocer. Lo que jamás hubiera pensado de mí y me golpeó de arriba a abajo. Fueron más de un millón de llantos sorpresivos en el el medio de la noche, del día o de un viaje lluvioso en colectivo (no entiendo como no terminé deshidratada). Fueron frustraciones y promesas de "nunca más". Fueron gritos ahogados por almohadon. Millones de errores, heridas propias y ajenas. Algún pedido de perdón aún colgado en el tiempo, pero espero que no en la eternidad.
Pero también fue todo lo que no esperaba y terminó sacandome una sonrisa al atardecer del año. Fue la satisfacción de cumplir una meta importante. Fue la compañía de los amigos (gracias), las noches riendonos de frases idiotas. Fue el entender que mientras algo muere, se gesta otra cosa. Fue disfrutar cada momento. Fue aprender a correr por el puente sin asegurarme la llegada a la otra orilla. Respirar profundo y saltar, no matter what. Creer en lo que no se vé. Dar nada por seguro y sin embargo apostar. Soñar con el para siempre y gritarlo sin miedo. Porque cuando uno sueña mucho, eventualmente podemos despertarnos y darnos cuenta de que ese sueño ahora es verdad.
Amistades, alejamientos, confianzas solidificadas y otras, traicionadas. Amor y desamor. Frustraciones y nuevas oportunidades. Tristezas, abrazos. Palabras calladas y otras impulsivamente dichas. Reflexiones eternas que llevaron a algún puerto. Palabras de las que nos arrepentimos y otras de las que estamos orgullosos. Logros. Latidos nuevos.
Después de tanto puedo ver, que todo el dolor da frutos. Que si solo vemos lo malo y nos encerramos en su cueva, no podemos ver lo que sigue sucediendo afuera. Perderemos la chance de vivir. Todo lo sufrido me trajo al fin el resultado más perfecto, ese que dice que 2+2 no es cuatro, porque la razón no funciona en esas circunstancias. El querer bajar los brazos, pero seguir adelante tuvo sentido. Los momentos en que ante la primer circunstancia adversa quise tirar todo por la borda, y no hacerlo, fueron fructíferos. Hoy por hoy casi todo tiene sentido, y lo que no lo tiene, con el tiempo lo tendrá. Porque si hay algo que también aprendí, aunque seguro mañana lo olvide, es que no se pueden acelerar los procesos que llevan tiempo. No podés pretender tener mañana lo que va a llegar pasado mañana. No voy a decir que me armé de paciencia, pero si que descubrí que hay veces que es lo único que sirve. Así funcionamos los humanos: contraponiendo las ansias con la obligada paciencia, que a a la larga nos dice "¿Viste? tenía razón".
El 2009 fue una nueva era. Fue un millón de cascarones rotos esparcidos por el piso. Solo ahora, cuando llega el fin y lo veo desde arriba, entiendo todos los porqués. En la mitad del trayecto las cosas pueden parecer la peor desgracia del mundo, por más que solo sean pequeños hechos adversos. Cuando en la suma de todo, por alguna loca razón, el resultado es positivo, dejamos de quejarnos. Tomamos las penas como enseñanza. Recordamos los "te lo dije" que escuchamos antes de la caída. Así valoro todo, porque al fin y al cabo here I am. Alive and ready to keep on walking. No olvido, guardo. Espero a que la verdadera esencia termine prevaleciendo. No me rendí. Seguí porque algo me impulsó, espiritu de supervivencia. No sé si creer en la felicidad, pero al menos puedo decir que la alegría del hoy proviene de todo lo bueno y lo malo, de las ilusiones, frustraciones, pero sobre todo del siempre seguir adelante del ayer.
Ahora viene un año nuevo, una nueva década. Un 2010 que puede tener un Enero sin sobresaltos, un Febrero entusiasmado, un Marzo cambiante, un Abril cruel (porque April is the cruellest month, e incluso cuando parece no serlo, lo es), un Mayo impulsivo, un Junio mimetizado, un Julio hijoderemilputa, un Agosto reflexivo, un Septiembre definitivo, un Octubre simple, un dulce Noviembre, y un Diciembre comprensivo. Todos así, pero mezclandose un poco y robandole cosas a los otros, y a los de años anteriores también, por que no. Pero un año nuevo, incierto. De chica odiaba el año nuevo, porque no había regalos como en Navidad. Ahora me gusta, por más que el tiempo sea una ilusión y mañana sea un día como cualquier otro, como ayer. La ilusión de redimirnos con el pasado, de cerrar etapas, de dejar atrás malos tragos. De vanagloriar lo bueno y ponerlo como base para lo futuro. Una vida nueva que solo existe porque cambiamos de calendario, porque tenemos frente a nosotros una extensión que solo llenaremos nosotros y el devenir, pero de la que aún no podemos decir nada, más que lo que esperamos de ella. Por eso, por más que sea un engaño, me lo voy a creer, y les deseo a todos un feliz 2010.

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