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lunes, noviembre 09, 2009

Mañana

Los golpes en la puerta despertaron a Hernán, eran las dos de la madrugada y no esperaba a nadie. Mucho menos un domingo.
Las llamadas telefónicas en plena noche, gente llegando en la madrugada siempre fueron su fobia. Recordaba vívidamente el día de su infancia, ahora tan lejano, en que oyó sonar el teléfono una fría medianoche de julio. El resto era dolor y congoja, su madre llorando, él preguntando el porqué. Su hermano mayor, camionero, muerto en la ruta. No más domingos en la cancha, no más asados con su risa de fondo. No más viajes en el camión, de acompañante, no más consejos, no más hermano.

Pero alguien golpeaba sin parar la puerta, temía abrir, pero no podía huir. Afortunadamente era Hilda, su amiga de toda la vida, su hermana postiza y confidente. Estaba radiante, con una sonrisa de oreja a oreja. Gritaba, saltaba.
- Lo logré, lo logré Her, no me vas a creer pero lo logré.
- ¿Qué lograste? – Hernán quería reir también, no entendía pero esa euforia le causaba risa.
- La máquina del tiempo boludo, lo logré.
La conversación, en ese instante, se tornó surrealista. Hernán creyó, primero, que Hilda estaba drogada o fumada. Pero no, solo estaba diciendo cosas ilógicas.
- Vos no me entendés, vengo del futuro.
Ahroa si, nada tenía sentido. Una Hilda igual a la de todos los días decía venir del futuro, decía haber inventado la máquina del tiempo. Hernán comenzó a creer que seguía dormido y que todo era un sueño.
- Explicame nena, porque si seguís así voy a creer que estás en pedo o estoy soñando.
Hilda decía venir del futuro, de la noche del 17 de marzo. Pero Hernán estaba seguro de que el calendario marcaba recién la madrugada del 16. La única manera de comprobarlo era preguntarle sobre los días próximos, y por supuesto, esperar que todo aquello que Hilda pudiese decir, sucediera.
- Mañana, bueno hoy, porque ya estamos de madrugada, se te va a escapar el gato. Va a aparecer a las tres horas, pero vos me vas a llamar desesperado, como me llamás siempre que te pasa algo. Vamos a salir a buscarlo, y después de volver a tu casa con toda la tristeza del mundo, lo vamos a ver en el balcón, como siempre. A ver, que más. Te van a echar del laburo, por llegar tarde. Y vas a llegar tarde porque después de encontrar a tu gato en el balcón, nos vamos a acostar. No me mires así boludo, vos me preguntaste sobre el mañana. Si querés mas detalles, todo va a pasar sobre el sillón de tu living. El de los almohadoncitos tejidos por tu vieja. Bueno, después de eso te vas al laburo, te echan por llegar tarde de nuevo, y cuando volvés a las puteadas en el bondi, te va a sonar el celular. ¿Viste ese proyecto de fotografía para el que habías dejado el curriculum hace dos meses? Bueno, justamente de ahí te van a llamar. Así que mirá, que te hayan dejado sin laburo va a haber sido una suerte. Llegás, ocho y media de la noche por el tráfico, y te encontrás con un mensaje en el contestador. De Laura. Que quiere devolverte un par de cosas que quedaron en su departamento, una planta de plástico y un disco de los Bee Gees. Que si podés, pases a buscarlos en esos días, porque ella se va a vivir a provincia y no quiere perderlos en la mudanza. Ah, ¿No sabías que se muda?. Si, se muda. Vas a comer tarta de zapallito, que previamente te va a traer tu vieja en un tupper azul. Yo sé que querés saber cómo sé todo esto, si te estuve espiando o algo. No, pero en el viaje temporal aproveché para mirar todo lo que hiciste a lo largo de estos días, ya que sabía que me ibas a preguntar para tener pruebas sobre mi descubrimiento. Es como mirar una película al revés. Después de cenar vas a encontrar Godzilla en el cable, y la vas a ver un rato, hasta quedarte dormido. Te vas a despertar el 17 a la mañana, y no vas a desayunar, porque no vas a tener leche ni pan para tostar, solo manteca, pero con eso no hacés nada. Como no vas a tener nada que hacer en todo el día, porque el laburo nuevo lo empezás el viernes, te vas a poner a pensar que podés hacer. Entonces te llama tu mamá, para pedirte un importante favor: que le vayas a buscar un par de zapatos que dejó en el zapatero. Como sos buen hijo y no tenés ganas de cocinar al mediodía, le vas a hacer el favor, esperando que te invite a comer con ella, que te prepare alguno de sus platos que tanto te gustan.
- Pará, pará un poco…
- No, dejame terminar Herni, porque sino después podés argumentar que no terminé de decirte lo que iba a pasar y blah blah. Te conozco. Bueno, después de comer en lo de tu vieja, el 17, vas a volver a tu casa y vas a dormir tremenda siesta, porque te quedaste dormido viendo un documental sobre plantas carnívoras. A eso de las cinco de la tarde, te va a despertar un llamado mío, te digo de venir a mi casa, porque tengo algo importantísimo que contarte. Vos no te bañaste en dos días, así que antes te pegás una ducha y le das de comer a tu gato. A eso de las siete, entre pitos y flautas, caés en casa. Y yo, con la misma sonrisa enorme que me viste en la puerta hace un rato, te voy a contar que descubrí la máquina del tiempo. Y te explico todo. Y me creés. Te digo que voy a viajar al pasado para avisarte. Te reís. Desaparezco. Y el resto es historia.
Hernán definitivamente no sabía que hacer, si morirse de risa o internar a Hilda. Solo quedaba una pregunta por hacerle, pero ella ya estaba saliendo por la puerta a la velocidad de la luz.
- Bancá, si venís del futuro, si descubriste la máquina del tiempo ¿Cómo es?
- Ay Herni, esperá hasta el 17. Que a las 7 te la muestro.



Totalmente desorientado, Hernán cerró la puerta con llave y se volvió a acostar. Increíblemente, se quedó dormido en un minuto. Cuando se despertó, se sorprendió al no ver a su gato en el comedor, bajo la mesa, como todas las mañanas. Un escalofrío le recorrió la espalda, recordando la madrugada anterior. Pero luego, la angustia fue más fuerte, ese gato era todo para él y no podía, no quería… Llamó a Hilda por inercia. En momentos problemáticos, siempre la llamaba, como llevado por el viento hacia ella. Salieron a buscarlo, miraron desde la terraza los techos recorrieron las cuadras aledañas a su casa, pero no podían dar con él. Tristes luego de tres horas de búsqueda, volvieron juntos a la casa de Hernán. Y en el balcón, dormitando bajo el sol, yacía el gato. Hernán miró a Hilda desorientado. Iba a comentarle lo de la noche anterior, pero no pudo. Por primera vez desde que había llegado se detenía a mirarla. Estaba más hermosa que de costumbre, con una pollera que dejaba al descubierto las piernas más hermosas que jamás había visto, y una musculosa de espalda descubierta que ningún hombre podía evitar mirar. ¿Qué le estaba pasando? Quería agarrarla y tirarla sobre la superficie más cercana, quería arrancarle todo. Ya no podía pensar, estaba acercándose violentamente y ella estaba entregándose a los besos y a la desesperación del amor. El sillón y los almohadones, cercanos testigos.
- Vos viniste anoche a verme. Y me dijiste que esto que pasó iba a pasar.
- No seas estúpido, anoche estuve en lo de Juli, terminando un trabajo. Si querés llamala
- No, te creo, pero…
Hernán miró la hora de repente. Llegaba tarde al trabajo. Salió a las corridas, Hilda salió atrás. Cuando llegó, el jefe lo recibió con la peor de las noticias: estaba despedido. Un enojo sobrenatural lo invadió, pero sabía que había llegado tarde varias veces anteriormente, y había faltado también. Se lo merecía, por irresponsable. Tomó el colectivo repleto de gente, aún enojado consigo mismo. Hasta que sonó el celular. Había sido seleccionado para llevar a cabo una importante sesión de fotos para una revista muy conocida, y querían que también haga las siguientes. Estaba contento, eufórico, hubiera querido gritar, pero lo iban a mirar mal, mejor mantenía las formas, no había razones para crear desconfianza. De la alegría había olvidado la visita de Hilda la noche anterior. De la alegría y del hambre que tenía al llegar a su casa. El contestador tenía un mensaje de Laura. Se iba a mudar, tenía cosas que devolverle. Que pase pronto, no iba a ser cosa que se perdieran en la mudanza. Sobre la mesa encontró un tupper azul, con una porción de tarta de zapallitos, pasé por acá a dejarte un pedacito por si venías con hambre, te quiere, mami.
Godzilla en la tele, el sueño lo venció antes del final. La mañana siguiente lo encontró hurgando la heladera en busca de algo más que manteca para desayunar. Pero solo eso había. Mientras pensaba en que podía hacer durante el resto del ocioso día, sonó el teléfono. Era su mamá, pidiéndole un pequeñísimo favor: que le retirase un par de zapatos negros del zapatero de la estación. Aceptó con gusto, después de todo podía ganarse un almuerzo casero, cosa que terminó por suceder. Cuando volvía a su casa, recordó la visita de Hilda de la madrugada del día anterior. Todo estaba saliendo como ella había dicho, absolutamente todo. Intrigado, se acostó un rato a mirar televisión. Estaba pasando por un canal de documentales, cuando le sonó el celular. Un mensaje de texto de la empresa de telefonía, de esos que molestan. Miró de nuevo la pantalla. Plantas carnívoras. Bueno, tal vez el documental podía ser interesante, si, por qué no. No lo era. Dormir fue mejor plan.
Las horas de sueño se comieron la tarde prácticamente en su totalidad, solo el teléfono pudo despertarlo. Hilda.
- Vení a casa, por favor, tengo algo que decirte.
- Si, ya sé que tenés algo que decirme.
- ¿Eh?
- Ya voy.
Cumpliendo con lo predicho por simple diversión, pero además después de notar que olía bastante mal y que no quería asquear a su amiga, se duchó y tomó el tren que lo llevaría a la casa de Hilda.
Y en cuanto le abrió la puerta, vio su sonrisa radiante, triunfal.
- Ya sé, la máquina del tiempo.
- No, pero bien que te la creíste. Como si no hubiera podido mandar a secuestrar a tu gato, vestirme lo más perra posible, complotarme con tu ex jefe para que se prenda en la joda, ya te va a llamar para avisarte que nunca te despidió, conseguir que mi viejo se haga pasar por el tipo de la sesión de fotos, pedirle a Laura que llame y a tu mamá que te traiga una porción de tarta y de paso te vacíe la heladera, dejando solamente manteca. Como si fuera muy difícil leer la revista del cable para poder decir que película van a dar, como si no te conociera lo suficiente como para decir que te ibas a quedar viendo Godzilla y ¡Como siempre! te ibas a dormir. Tu mamá muy copada, aceptó llamarte para que le hagas el favor, y después te preparó el almuerzo que le pedí. Y era tan evidente que si veías un documental de plantas carnívoras te ibas a quedar dormido ¡Nadie los aguanta! Sos un bobito. Y para colmo logré acostarme con vos. Qué fácil de manipular sos.
- Hilda, querida, hay un solo problema.
- ¿Cuál? ¿Qué te sentís un boludo a la enésima potencia?
- No. Que si vi el documental de las plantas carnívoras fue porque de repente desapareció el control remoto.
- …
- Ja, ahora caíste vos. Nunca tuve control remoto.

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