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viernes, octubre 23, 2009

90 minutos

Por alguna razón, consideramos nuestros actos, en comparación con los de otros, meros goles en un partido de fútbol cuya cancha es nuestra ciudad y el cronómetro cuenta los días de nuestra vida.
Poco a poco voy notando que no soy la única que hace eso. Frente a ciertas actitudes, frente a aciertos de los que nos rodean, hacemos una cruz en su columna, para, al final del partido, decir "Fulano 1, Mengano 0".
En el fondo, hay que admitirlo, solo sirve para hacernos más felices, o acercarnos a ese estado, para mí, inexistente. "Lo que hago está bien, mirá como gano y mirá como el otro pierde".
No, nada cambiará demasiado porque no recibimos otro premio que no sea el estar conformes. Esos goles nos sirven de excusas para justificar nuestra existencia y nuestros movimientos. Nuestros por qués y para qués. Como si el ganador fuera a saber que ganó. El perdedor que perdió. Como si importaramos demasiado.

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